
Felipe II de España. Retrato pintado por Claudio Coello.
Llevo varios días sin escribir y no por falta de acontecimientos sino por todo lo contrario. Como no soy jornalista, no me veo en la obligación de comentar diariamente el transcurrir de los hechos pero ganas no me han faltado.
Todas las épocas han sufrido un gran cambio, económico, social, político, cultural, religioso o todos ellos juntos a la vez. Si no fuera así, no podríamos hablar de épocas históricas, de movimientos culturales o nacimientos de nuevas religiones. El siglo XXI no iba a ser diferente. Comenzó con la gran crisis de la caída de las torres gemelas y ahora se confirma con esta gran crisis económica que afectará a todos los paises del mundo; a unos para levantarlos y a otros para hundirlos. No debemos perder el referente de Roma, el gran ejemplo histórico de un proceso completo de auge y caida de una estructura económica, política, social y religiosa. Roma formó a Europa y Europa siempre le ha debido algo a Roma. Incluso la idea de la UE no deja de parecerse a ella y es posible que su final sea el mísmo. El gran imperio del latín se fracturó en múltiples estados o protoestados en los que la característica principal fue la superación del idioma común por uno local, que marcó las diferencias futuras para la aparición de los nuevos países europeos.
La emergencia en toda Europa de fuerzas internas destructivas de los proyectos comunes nacionales surgidos en el siglo XIX y reavivados en el XX es un anuncio de lo que viene. El caso muy reciente de Bélgica, 170 años después de su creación, o los conocidos por los españoles, Cataluña, País Vasco, Galicia, como el caso de Escocia, Bretaña, Córcega y muchos otros, recordemos Yugoslavia, en los que el componente lingüístico es parte del marco que los diferencia de los demás, son los anuncios de una nueva imagen de Europa, que el tiempo dirá si es o no mejor.
El ser humano es bastante conservador, como no puede ser de otra manera, ya que su visión del mundo se reduce a un periodo de tiempo muy escaso y no puede permitirse el lujo de estar cambiando continuamente por el desgaste físico y mental que ello conlleva. Por ello la tendencia es a que todo quede como está. Pero la vida es cambio contínuo. Nuestro propio cuerpo está cambiando diariamente y de vez en cuando nos da un golpe que nos hace entrar en una nueva fase de nuestra vida, hasta alcanzar la vejez o la muerte prematura. Es por eso que aspiramos a una vida "estable", primero, teniendo una profesión "para toda la vida", segundo, teniendo una familia "para toda la vida", tercero teniendo un puesto de trabajo "para toda la vida", así sucesivamente. Creemos que es así y que las cosas no van a cambiar, pero todo cambia, nada permanece. La Vida, con mayúscula, es cambio contínuo. Aparecen y desaparecen especies, islas, continentes, etc., todo ello muy lentamente. En nuestra vida, los que llevamos un tiempo usando de ella, si echamos la vista atrás, si revisamos el album de fotos, veremos como nos ha cambiado y como lo que nos rodea ha cambiado.
Dicho todo lo anterior volvemos de nuevo a nuestra crisis.
Independientemente del comportamiento absolutamente irresponsable de un presidente de gobierno advenedizo que ganó las primeras elecciones por lo que las ganó y las segundas, engatusando a muchos españoles con las zarandajas de que si éramos de la "Premier League" y repartiendo el "super habit" en migajas electoralistas, que se diluyeron en los bolsillos de los españoles en la vorágine del consumismo que nos invadió en los últimos años, ESTA CRISIS la han provocado la irresponsabilidad de los mercados de capital, es decir Empresas de Inversión y Bancos. Los unos por invertir en humo o engañar a los inversores directamente con empresas piramidales. Los otros por dar dinero a diestro y siniestro sin garantías de devolución, basándose en criterios absolutamente coyunturales que al finalizar hicieron evaporarse las posibilidades de recuperar lo prestado. Ahora nos hacen pagar a los que no hemos especulado, a los que hemos nadado y guardado la ropa, las alegrias ébrias de poder y dinero de unos cuantos que aún pretenden ser referentes económicos, eso si cobrando del estado y de los usuarios su mala gestión.
Pero no todas las culpas se las podemos echar a la Bolsa y a la Banca. Hay otros elementos que han contribuido a la crisis y es la huida de capital, y creo decir mejor, de METÁLICO, de dinero en metálico fuera de la UE. Esta salida de billetes se ha producido con la droga, la prostitución, las partidas económicas que los inmigrantes han enviado a sus países, y la compra masiva de objetos de consumo fabricados fuera de la UE, especialmente de China, aunque en muchas ocasiones, ello se ha debido a que empresas españolas han marchado fuera dejando en paro a muchos españoles.
Aunque en 1557, apenas un año después de empezar su reinado Felipe II, se dió la primera quiebra económica de España, las más famosas son las dos quiebras de 1575 y 1596. Después en tiempos de Felipe III hubo otra en 1607 y con el último de los reyes de la casa de Austria, Felipe IV, dos más en 1627 y 1647. En todos los casos fueron los gastos excesivos de estado, la dependencia exterior de los principales productos elaborados, especialmente los paños, tan importantes económicamente en aquella época, la amortización de bienes y metales preciosos por la Iglesia y la fuga de metales preciosos a Italia, Flandes y Alemania.

Éste no fue un asunto nuevo en el siglo XVI. Durante el siglo XV, bajo los reinados de los Enriques de la casa Trastamara en Castilla, especialmente con Enrique IV, se produjo una crisis en la amonedación que llevó la crisis económica a las mismísimas ciudades como se recoge en sus actas municipales. La quiebra del valor del real y de la blanca, y el aumento del valor de los "enriques", monedas de oro, al cambio por la plata y la amonedación de "dinero negros" llevó el problema a los mercados donde se volvió al trueque, por la subida de los precios y la desaparición física de la moneda, acaparada por los que tenían más recursos o exportada al peso a Génova, como demuestra el documento del municipio de Sevilla donde se habla de un barco cargado de monedas de plata más antiguas con rumbo a Italia, que se habían "comprado" para fundirla y reamonedar, por ser de más valor en esa república que el cambio oficial.









